Nuestra cosecha, todo un proceso

En nuestra residencia seguimos disfrutando de uno de nuestros rincones favoritos: la huerta, un espacio que nuestros residentes cuidan con mimo durante todo el año y que, poco a poco, nos devuelve el fruto de su trabajo.
Hace unos días llegó el momento de recoger la cosecha de guindillas. A pesar del calor, nuestros residentes no quisieron perderse esta actividad y se pusieron manos a la obra para recoger las guindillas que habían cultivado y cuidado durante las últimas semanas.
La jornada se convirtió, una vez más, en un momento para disfrutar, compartir y sentirse partícipes de una actividad con un resultado muy especial. Porque cuidar una huerta no solo consiste en plantar, regar y recoger: también supone mantener rutinas, estimular los sentidos, trabajar la motricidad y, sobre todo, disfrutar de una actividad que genera ilusión y satisfacción.
Una vez recogida la cosecha, el siguiente paso será embotarlas para poder disfrutar de nuestras guindillas durante todo el año. Así, el trabajo realizado durante estos meses seguirá presente mucho después de que termine la temporada.
Para nuestros residentes, la huerta es mucho más que un lugar donde cultivar alimentos. Es un espacio de encuentro, de participación y de disfrute, donde cada cosecha representa también el resultado de su dedicación y esfuerzo.
Y es que, ¿qué mejor manera de empezar la mañana que haciendo una actividad que nos gusta, nos llena de alegría y nos permite seguir aprendiendo y disfrutando?
¡Ni el calor es capaz de pararnos! ☀️🌶️









